O por lo menos, Potter lo ha intentado...
¿Querrá este sapo ser un Perro Malo?
Aunque no se le veía con muchas ganas.
Potter le ha dado un par de veces con la pata, y él (o ella) le ha echado una mirada altiva y se ha escondido debajo de unas tablas.
Luego volveremos a preguntarle...
Nos vemos en Tombuctú.
A los Perros Malos no nos gusta la invisibilidad.
Es muy triste ser invisible.
Y se hace más difícil ser un buen Perro Malo.
Últimamente, cada vez me siento más invisible.
Suerte que Vito aún se ve bastante bien, y me devuelve la visibilidad a coletazos.
Que ya está bien de tanta tontería.
Nos vemos en Tombuctú...
Potter también es un Perro Malo.
Aunque sea un gato.
¿Quien puede ser mejor un Perro Malo que un gato?
Y Potter tiene mucha práctica. En realidad, él fue Perro Malo antes que Vito. Llegó antes.
Digamos que es el hermano mayor.
Yo creo que ha sido él quien le ha enseñado a mi perro a ser un buen Perro Malo.
Para empezar, le enseñó a frotarse en las piernas ajenas. Lo cual era muy gracioso cuando Vito era un cachorrito del mismo tamaño que Potter, pero ahora que pesa trenta y cinco quilos da un poco menos de risa y un poco más de miedo.
Pero estaba hablando de Potter...
Mi Perro Malo felino.
Mi gris cazador de saltamontes y mariposas (eso también se lo enseñó a Vito).
Elegante, silencioso, se mueve como una sombra entre las tomateras, invisible...
Hasta que decide que es la hora de los mimos, y aparece de repente, con los ojos amarillos muy redondos, y trota hacia tí murmurando algo así como "mggrrrrriauuuuu", que debe querer decir "Tú, ven a rascarme la barriga ahora mismo". Digo yo.
Y es que Potter tiene aires de tirano.
Cariñoso, pero tirano.
Si no le interesa tu presencia, te observa con desprecio y se da la vuelta, enseñandote el trasero.
Pero en el momento que quiere algo tiene que ser AHORA, y sin rechistar.
"Quiero salir a la calle AHORA" y se sube al teclado del ordenador, y en la pantalla aparecen sus ordenes en clave gatuna: jgaejonfhwcmehvamscwivkQLKO.
"Quiero comer AHORA" y se planta encima del libro que estás leyendo, te huele la punta de la nariz y se lava con parsimonia, sin retirar su real trasero de las cómodas páginas del libro.
"Quiero jugar AHORA" y sale corriendo de ninguna parte, se cruza entre tus piernas, te hace perder el equilibrio mientras refunfuña no se qué y, naturalmente, se ofende si lo regañas.
Porque, por supuesto, Potter es el rey de la casa.
Y un Perro Malo.
Muy, muy Malo.
Nos vemos en Tombuctú...
Atención, cocteleros y cocteleras.
Este es mi otro yo.
Se que muchos ya lo conocéis. Y no va a desaparecer.
Allí está mi casa del árbol. Mi refugio. Mi Alma Barca.
Aquí, solo seré una Perra Mala.
Lo que no está nada mal, por cierto...
Nos vemos en Tombuctú...
Vito es un Perro Malo.
Lo cual no quiere decir que sea un mal perro.
En realidad es un buenazo: dulce, y cariñoso, y alocadamente feliz.
Pero nunca se parecerá a Lassie, ni mucho menos a Rintintín. Más bien se da un aire a Rantamplán...
Si Vito se encontrase a Timmy en el fondo del pozo (otra vez), seguramente pensaría que estaba jugando, y la pobre Lassie tendría que rescatarlos a los dos. Y Vito saldria chorreando, babeando y moviendo la cola con su típico feliz aire descontrolado.
Porque Vito es el descontrol hecho perro.
Se tropieza con sus propias patas, se golpea la narizota contra el suelo al intentar cazar saltamontes,salta y corretea con el aspecto exacto de un cachorro gigante, mueve toda la parte trasera del cuerpo para demostrar su alegría, y lo muerde todo.
Todo.
Cualquier cosa más blanda que una piedra es un objetivo para Vito: huesos de albaricoque, avellanas viejas, palos, trozos de ladrillo, terrones de cemento, sillas de jardín, zapatos con pies dentro, ...
¿Más blanda que una piedra? Que va. He visto a Vito lamer con expresión extasiada una mesa de mármol y sus patas de hierro, y pasarse horas chupeteando y royendo un pedrusco del tamaño de una manzana como si fuese el más delicioso de los caramelos.
Al fin y al cabo, no es más que un niño grande. Un año y tres meses no es mucho tiempo, ni siquiera para un perro.
Y menos para un Perro Malo.
Es divertido ser malo...
(Nos vemos en Tombuctú)